96. Primavera: la trama

Elisandro Cuaresma

 

Las viejas ramas de las olivas, secas, duras y sin vida, alimentan el fuego. Poco a poco va apareciendo la ceniza fina y gris que signará a los creyentes y les recordará su pasado y su destino.

El hombre corta las ramas que sobran y las reúne en gavillas con mimo. A veces sus manos huesudas y curtidas por el trabajo de los años se confunden con las mimas ramas. Estas ramas le darán la bienvenida al Cristo que entra en Jerusalén humildemente. La tierra volverá a empapar el sudor de sangre y la oliva acompañará la oración y el sueño de los débiles. De Getsemaní a Jerusalén: el olivo, siempre el olivo.

Todavía hace frío, un poco de escarcha se ha formado al pie de una oliva. Todas las aceitunas están recogidas. Los suelos limpios. Las olivas parecen nuevas, hojas nuevas, ramitas nuevas. Todo espera a mayo, comienza el ciclo.

La trama. La trama es una florecita diminuta, con cuatro petalicos blancos y un poco de polen ni amarillo ni naranja. Forman una cruz.  Contrasta con las hojitas verdes, grisáceas, plateadas. Reventará la trama y en poco tiempo se irán formando las aceitunillas. Aceitunas que traerán el aceite nuevo. Y los olores del recuerdo.

La llovizna fina de algunas mañanas alivia la sed del olivar. El frescor de la aurora abrillanta las florecitas. Gorriones, jilgueros, verderones…se posan en las ramas como oliendo las pequeñísimas flores. Empiezan a surgir las primeras amapolas entre las olivas y por las veredas.

Un niño corretea por un camino, va con los mayores. Como una aceitunilla nueva empieza su ciclo en la vida, empieza a caminar, empieza su labor. El hombre que prepara las cenizas y los ramos, lo observa.

Y el sol que cuida de todo. Y la luz que lo baña todo.