86. Recuerdos tonalidad verde

Ricardo Francisco Covelli

 

La tarea de Facundo es recibir a todos los visitantes que concurren a este establecimiento de Mendoza, para recorrer los olivares y explicarles el proceso para obtener un buen aceite.

La visita guiada que encabeza ante un grupo de turistas europeos incluye un viaje al pasado y el presente.

Desde el inicio una mirada cómplice entre él y una hermosa noruega, de nombre Frida, estableció un vínculo que sería inseparable…

En un alto en el mediodía caluroso de diciembre, mientras todos los turistas degustaban distintos tipos de aceites con pan casero, se alejaron de la mano hacia los olivares más lejanos, llevando tan sólo un frasco de oliva virgen.

Buscaron la plantación más copiosa, se arrodillaron, se besaron apasionadamente, untaron delicadamente sus cuerpos desnudos transpirados con ese líquido oleoso, y bajo un olivar consumaron su pasión. No importaban las palabras, tampoco la distancia que los separaba…

Lo hicieron sabiendo que sus vidas quedarían unidas para siempre. Bajo el olivo mendocino…

Ese mismo olivo cinco años después, fue confidente con él…

Le comentó que Frida fue madre de una hermosa rubia concebida en Mendoza, Natalia.

Para Facundo queda la nostalgia, el recuerdo inolvidable de ese erótico mediodía caluroso de Maipú…

Y en medio de esa tierra fértil rodeado de verde, con el aroma intenso y fresco de los olivos de hojas perennes, fija su mirada en la naturaleza con cierta resignación. Lo rodea la magia de ese cielo azul, sol abrasador, árboles, la mística de las aceitunas y aceites vírgenes… conformando su reino, pero, le falta esa mujer…

¡Hasta los sueños más locos se pueden hacer realidad como el que te acabo de contar!…