84. Versos en la tierra del olivar

Cristina Ramos Ruiz

 

Iniciando el día, en una hermosa casa, entró una paloma blanca, por un ventanal abierto de par en par, allí se encontraba San Judas Tadeo, se acercó levemente, ya que su intención era no espantarlo, y no asustarlo, de repente, tocaron la puerta, San Judas Tadeo fue abrir la puerta de forma silenciosa, y llegó San Benito, al ver a la hermosa paloma, lo colocó en el olivar de la entrada de la puerta, que colindaba a un patio que se encontraba sin regar. San Judas Tadeo como San Benito, estuvieron charlando armoniosamente, mientras degustaban un queso con aceite de oliva, sobre sus labores en la iglesia. Poco después, en el sagrado corazón apareció María, recogió a la paloma y lo llevó al corazón del olivar donde formó un nido con ramas del olivo secas, para que reposaran sus bonitas patas de la paloma y pudiera descansar.

Santa Marta llegó y la encomendó a que volara por el cielo azul, provisto de un enorme sol. Para que fuera a volar por el firmamento,  resplandecieron las ramas del olivar, unos olivareros estaban recogiendo las aceitunas de lo tajos, y de repente, echó a arder la parcela del olivar, de inmediato la paloma abrió sus enormes alas, y cogió con su bello piquito de boca ramas de olivo, para sofocar el incendio. Los rayos y los destellos, apareció en el olivar, mientras la disputa de dos hombres a causa de un cigarro encendido motivó una estampada de palomas que emigraron al pueblo y por consiguiente la paz en el pueblo. No quedó más remedio rezar para salir adelante del mal siniestro vivido.