53. Nuestros pasos

Nieves Samblás

 

Recuerdo una noche en que mamá, me despertó haciéndome bajar la voz, para salir huyendo de la casa del pueblo donde vivíamos. Dos maletas nos esperaban en la vereda de tierra, al otro lado de la casa.

 

No hubo necesidad de palabras, yo entendí el porqué de aquella huida. Anduvimos un rato por entre los olivos, solo el sonido de nuestros pasos sobre la tierra que nos vio nacer, rompía el silencio de la noche. Al llegar a la carretera un coche nos esperaba.

Arrancó nada más entrar en él. No hubo palabras ni saludos, solo el silencio de la noche nos envolvía.

Sola en el asiento de atrás, miraba hacia la carretera iluminada por los faros preguntándome dónde iríamos, pero mi garganta estaba sellada y mi voz atrapada en ella, para poder hacer preguntas. No paraba de observar a mi madre esperando alguna mirada cómplice, que no recibí.

Por fin había reaccionado y con seguridad tendría un plan mejor para nosotras.

Nos dejaron antes del amanecer en la estación donde cogeríamos el tren hacia nuestro destino.

Allí, sentada en el andén, pegadita a ella me sentía segura, tanto que ni el frío de la madrugada me impidió dormir.  Cuando desperté fue para subir a un tren que nos llevaría a una vida digna, donde ella y yo estuviéramos a salvo.

 

He vuelto con ella al pueblo, vuelvo a contemplar los olivos desde mi ventana y mi respiración se calma, volvemos a nuestras raíces. Mientras observo a madre mirarme con ojos ausentes de vivencias, recuerdo aquellos acontecimientos. Ella, se acerca a mí buscando protección. Yo la abrazo y le digo que nada malo le va a pasar, ella asiente y sonríe.