202. Mis abuelos

Joan Miquel Llompart Pujol

 

Este es un relato de un pasado que poco a poco está desapareciendo, como todo pasado habido y por haber. Está lleno de recuerdos bonitos para mí porque es el pasado que me ha tocado vivir, un pasado de un mundo más desenfadado e inocente.

Me resulta curiosa la tendencia actual a seguir meticulosamente dietas supuestamente sanas, sobre todo al haber visto a mis dos abuelos comer de todo, sin abusar, y vivir noventa y cinco y cien años. Los dos con la cabeza absolutamente clara.

Hablo de mis abuelos, hombres, porque yo al ser hombre siempre he buscado, consciente o inconscientemente, referentes masculinos en mi entorno.

Mi referente principal es mi padre, pero resulta que mis dos abuelos tienen una relación especial con el aceite de oliva.

Recuerdo a mi abuelo paterno, muerto a los noventa y cinco años de edad, saliendo del baño todo satisfecho, acababa de peinarse con aceite de oliva y con sus manos todavía en su pelo blanco y fino me enumeraba las excelentes cualidades de este producto tan mediterráneo base de nuestra dieta.

También mi abuelo materno, que cuenta con cien años ya, hace cosas curiosas con el aceite de oliva. Para cenar se prepara pan con tomate fregado y le echa cantidades industriales de aceite, en el que moja el pan y no deja ni gota.

Yo no me peino con aceite, soy calvo, pero sí que me pongo aceite en el pan sin restricción, mi único objetivo es disfrutar de las cosas buenas de la vida.

Dicen por ahí que el aceite engorda, creo que lo que realmente engorda es pasarse el día jugando a videojuegos.

 

Ruego se me perdone esta visión maniqueísta de la dieta, pero uno al escribir se permite ciertas licencias.