200. Verde olivo

Fabio Guzmán

Cuando el viejo olivo se da cuenta que el azul del cielo le avisa, como todos los años que ya es la época de la recogida de la olivas. Es feliz por un instante.

Después de otro largo año pendiente de sus deseados frutos, siente como al principio florecen lentamente, hasta explotar en su plenitud para convertirse casi en un milagro, en ese tesoro tan preciado que lo hace simplemente lo que es. Un árbol, conciente de serlo, con todo lo que ello implica.

Plantado entre cientos de sus iguales, que sin ser pretenciosos, se creen que hacen un gran servicio a la humanidad. Para que crezca saludable, ingiriendo gracias a ellos y a la gente que los cuida, un único y verdadero producto de la tierra.

Hermanados en ese quehacer común de dar la materia prima fundamental para producir el anhelado oro líquido.

Orgulloso que una parte de él forme parte de ese proceso.

Al ser liberado de sus deseados frutos comienza a cumplir el ciclo para el que se sabe destinado. De nuevo, por otro instante, es feliz.