194. Infancia

Bob Kane

 

La niña de lejanas tierras ofrece botellitas de aceite de oliva y a la vez, su dolor como productos. Lleva consigo cajas de cartón donde guarda sus pertenencias. Conserva la risa irónica de su pueblo y  la mirada abismal de quien sobrevive al exilio. A la petición diaria por el auxilio, ofrece otro tipo de servicios. Gracias a la economía de supervivencia vende lo que las esposas niegan por conveniencia.

Un ansioso comprador ansía el cuerpo jovial como un olivar que explorar. La chiquilla lo conduce al lugar donde la negociación debe ser consumada. Acomoda el cuerpo en la cama y abre tímidamente sus muslos. Antes que el ofrecimiento se malentienda, extrae entre sus piernas una botella debajo del camastro. Desflora sus recuerdos al comprador. La desilusión da paso al horror. La niña indica su colección privada de regalos de clientes. Ojos y uñas se sumergen en nebuloso aceite.

Del terror pasa al timo. El cliente sale sonriente de ese espacio con una sensación de excitación de muerte, y a precio razonable, gracias a  la improbable infanta.