183. Luces en el olivar

Ernesto del Moral Moreno

 

Olivos, hasta donde llega mi vista…

Sospecho que me trajeron hasta aquí por ser paticorta, para que ni se me ocurriera ramonear. La verdad es que siempre preferiré la hierba y la maleza, mucho más jugosas, aunque para ser justa, debo confesar que no hago ascos a las aceitunas y ramas que me voy encontrando por el suelo.

Mi familia y yo somos las jardineras de este gran bosque en el que transcurre nuestra vida. Dormimos casi siempre bajo las estrellas, pastamos libremente, enriquecemos su suelo, convivimos con toda una plétora de insectos y aves que lo mantienen sano, dedicándonos con fruición a observar el lento devenir del tiempo… Sonrío para mis adentros, no somos nada nuevo, solo lo que ya descubrió el hombre hace milenios.

Me uno a mis hermanas cuando se pone el sol. Me recuesto y, entre bostezos, dejo poco a poco que llegue el sueño… mientras me distraigo mirando revolotear a las luciérnagas… entre las ramas de los olivos que nos cobijan…