172. Gotas de felicidad

Eclipse literario

 

El otoño había llegado puntual. En esta estación en la que la naturaleza adopta tonos rojizos y cafés, mi compañera de cuarto y yo solo podíamos pensar en una cosa: lentejas. Hacía mucho que habíamos convertido en una tradición preparar este platillo para celebrar la llegada de nuestra parte favorita del año.

La noche anterior, antes de irnos a dormir, Claudia me dio la noticia de que se iba a mudar antes de Navidad. Mientras se cocían las legumbres, pusimos música y platicamos sobre todo aquello mundano y no tan mundano que acompaña nuestras vidas. Acordamos que gozaríamos de cada momento juntas antes de su partida. 

Antes de que nos diéramos cuenta, ya estaba todo listo. El olor a chorizo empapaba la cocina y abría nuestros apetitos. Lo único que hacía falta era el chorrito de aceite de oliva que siempre lograba enloquecer a nuestros paladares. Cuando cayó el espeso líquido en nuestros platos, no reparamos en formalidades y comimos de inmediato. Fue como si el tiempo se detuviera. Nuestro universo estaba congelado dentro de un delicioso plato de lentejas. Este hermoso recuerdo sería nuestro para siempre.