171. El abrazo olvidado

Pablo Millares Martin

 

El niño abrazó al olivar, comprobando como sus brazos no abarcaban el tronco del milenario árbol, mientras su padre tomaba una foto para el recuerdo. El chiquillo estaba feliz, lleno de energía, notando una extraña sensación de calor y aspereza. El olivo, por su lado, sintió el rubor del crío, y le llevó a recordar cuando fue la última vez que percibió una experiencia semejante. Muy pocas veces le habían dado una muestra de amor como la que recibió del pequeño. Hacía ya tanto tiempo que casi había olvidado la sensación. Recordó cuando venían a darle el ordeño de las preciadas aceitunas y algunos recolectores lo abrazaban más por estar a punto de caer que por sentir la vida que bajo su viejo tronco latía. Ahora solamente recibía vareos, algunos dolorosos y destructivos, pues parecía que los trabajadores que venían no tendían a volver, no sabían la técnica ancestral. Aún rememoraba cuando intentaron mecanizar el proceso, pero su posición no lo permitió.  ¡Qué tiempos aquellos en que no solo sentía el calor del sol sino el de los humanos también! Lejos quedaba cuando se sentaban a su sombra a hablar de sus vidas. Ahora se encontraba prácticamente solo todo el año. Ciertamente mucho había cambiado el mundo en los últimos dos mil años.