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160.- Mi aceitunita verde

María Ángeles Cruz Cascales

 

Cuando te acaricié por vez primera, mis dedos despertaron al calor del más suave de los tisús encarnados, tu piel. Mi aceitunita verde.

Sea como fuere que la chispa prendió y el milagro me eligió como árbol de vida, creciste dentro de mí, primero como pequeña flor blanquecina, luego a modo de rosado fruto carnoso. Mi aceitunita verde.

Se formó tu cuerpecito alargado con su hueso, su pulpa y su piel. Tomando los nutrientes a través de la sabia rama que nos unía. Nutrientes que recorrían a impulsos mi raíz, procedentes de nuestra generosa tierra. Mi aceitunita verde.

Tu hueso, vértebra de la abundancia y origen de la llama. La pulpa que lo rodea, que imprime tus formas y te rellena de riqueza. Tu envoltura tersa y prieta, reflejo de luz, que modela tus suaves contornos. Mi aceitunita verde.

Verdes son tus vivarachos ojos ovalados, que se despiertan sonrientes al salir el sol y se tornan cansados con la puesta vespertina. Mi aceitunita verde.

Tu encanto será tan abrumadoramente hechicero, que hasta el aire te buscará para impregnarse de tus bondades. Llevarás la magia dondequiera que llegues, poniendo una nota de sabores picantes en el ambiente. Mi aceitunita verde.

Madurarás y emprenderás tus procesos. Yo te deseo una vida apasionada y apasionante, en la que cada iniciativa, siempre acertada, te reporte aprendizaje, vivencias y la experiencia fundamental para tomar nuevas decisiones. Mi aceitunita verde.

No importa cuán alejado te lleven las sendas y derroteros, porque la tierra y la raíz son un sentimiento de pertenencia ineludible. Mi aceitunita verde.

Sí importa la energía que mantengas durante el recorrido, porque es la que nos alimenta a los dichosos que crecemos contigo. Mi aceitunita verde.

Cultiva la paciencia, la constancia y la lealtad necesarias para mantenerte fiel a tu esencia. Mi aceitunita verde.

Y si el jornal resultara fatigoso, por lo abrupto y escarpado del terreno y por aquellas dudas que se abren cual ramas de árbol longevo, camina con paso firme hasta que la luz vuelva a abrirse paso entre la espesura. Mi aceitunita verde.

Te querrán y serás amada por tus valores y enamorarás con la magia de tu sonrisa, que brota espontánea en tu transcurrir, como el rumor del agua que lleva el río. Mi aceitunita verde.

Seré afortunada de acompañarte en las diferentes estaciones, cuando en tu ciclo florezcas, alcances la madurez y seas tú quien traiga más esplendor a nuestro ser. Mi aceitunita verde.

Estaré sobre todo cuando caigas, para asegurarme de que pisas fuerte y te mantienes indómita e implacable. Mi aceitunita verde.

Deberás labrar un provechoso porvenir, que se ajuste como traje a medida de tus inquietudes y anhelos. Cualquier motivación que te genere sentimiento amoroso, será bienvenido acicate. Mi aceitunita verde.

La escucha será la más fructuosa de tus virtudes, que te dará la opción del moderado posicionamiento. Mi aceitunita verde.

Ama la música, fuente natural de armonía. El canto del jilguero, los sonidos del viento, de las susurrantes hojas, de la todopoderosa abeja, además del sol; que son la dulce melodía de la prosperidad y la bonanza. Mi aceitunita verde.

Viaja, explora e investiga cuantos misterios y maravillas te sea posible. Descubre más allá de la entrañable cotidianeidad. Respeta y aprende de lo diferente, ya que te mostrará nuevos puntos de vista y horizontes a conquistar. Mi aceitunita verde.

Allá donde fueres iluminarás el espacio, bañando de dorado aquello que toques, porque toda tú eres oro. Eres mi tesoro, la alhaja de tu mamá. Mi aceitunita verde.

Vienen a mí estos pensamientos mientras nos miramos a los ojos, al tiempo que mamas alimentándote del mejor de mis empeños. Mi aceitunita verde.

Mientras tú extraes el maná que te apacigua el sueño, yo me siento esplendorosa al compartir mis viandas cual si de opulento banquete se tratara. Mi aceitunita verde.

A cada momento tu papá y yo te admiramos, embelesados, contagiados de amor, sobrecogidos. Preguntándonos la procedencia de tamaña bendición. Mi aceitunita verde.

«Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias»*. Ese fue el presagio que años atrás vaticiné a tu papá. Mi aceitunita verde.

Sin saber entonces de los puertos en los que desembarcaríamos, siempre juntos, atravesando el ultramar y conquistando hitos de otros climas y latitudes. Mi aceitunita verde.

La ilusión ha sido la prenda indispensable en cada equipaje. Los complementos también transportados fueron el arrojo, el afán de superación y la búsqueda de otros confines. Mi aceitunita verde.

Los grandes proyectos han sido una constante para nuestra inspiración. Nuestra unión es la chispa que genera energía, que se transforma en movimiento. Y así continuará siendo. Mi aceitunita verde.

Como colofón, el más importante de nuestros frutos, que ha sido copado contigo. Porque no hay mayor obra de amor que tú. Mi aceitunita verde.

Conforme crezcas, aparecerán los miedos y temores populistas, infundados a veces por sombras de desconocimiento y confusión. Mi aceitunita verde.

Deberás entonces ser comprensiva con nuestro absurdo, ilustrando con tu sabiduría las falsas creencias y torpezas. Mi aceitunita verde.

Porque el mundo nos será desconocido cuando tú disfrutes de su plenitud. Y la capacidad de adaptación estará mermada por la intensidad y frecuencia de su uso en el transcurso. Mi aceitunita verde.

Te corresponde llenar tu espuerta rebosante, sin que entren piedras que hagan pesada la carga, ni hojarasca que ensucie lo cosechado. Mi aceitunita verde.

Un día será, de los habituales en los que pasees distraída por las calles, cuando caerás en la cuenta de cuántas han sido las campañas de recolección invertidas. Y entonces harás balance. Mi aceitunita verde.

En un saco cabrán los frutos arrugados, procedentes del árbol agostado. Que supuso un esfuerzo infinito de lucha, sobreviviendo al calor y a la aridez. Mi aceitunita verde.

En cambio, serán necesarios sendos remolques que contengan las recogidas copiosas. Las que habrás disfrutado por partida múltiple ya que el esfuerzo y beneficio habrá sido compartido con la cuadrilla. Mi aceitunita verde.

No te desprendas ni deshagas de los mal llamados desechos o desbroces, porque cada cual esconde su secreto en los recovecos más impredecibles y recónditos. Mi aceitunita verde.

Protégete del ramoneo de aquellos que solo buscan su interés, lo superficial. Que aquellos que conformen tu ecosistema sean los elegidos por su nobleza y generosidad, por lo que aportan, haciéndolo sostenible. Mi aceitunita verde.

Lluvia, viento y sol habrán acariciado tu rostro con frecuencia, como el día que yo lo hice por vez primera, pero con guante áspero y roído. Mi aceitunita verde.

Sol, Helios, que siendo estrella de fuego, reparte justicia equilibradamente; alternando a intervalos cambiantes su ausencia y su presencia. Mi aceitunita verde.

Viento, Eolo, inspirador de tormentas; acumulador de aires y desaires. Desorganizador de largos y cortos cabellos. Generador de turbulencias y ciclones. Mi aceitunita verde.

Lluvia, aliada de Zeus, comadrona del nacimiento de brotes y yerbas. Instigadora de crecidas de cauces y acuñadora de ramblas. Mi aceitunita verde.

Cuidarás resguardarte de su feroz embestida, confiando que los avatares climáticos no fuercen su agrio carácter. Mi aceitunita verde.

Conforme pasen los años, también se sucederán las crisis, las plagas, sequías y pandemias. Se expandirá la contaminación y se globalizarán catástrofes e infortunios. Mi aceitunita verde.

Deberán abrirse entonces paso la creatividad y la reinvención. No cejes en el empeño. Juega con lo ya aprehendido, utiliza los recursos almacenados a modo de provisión. Mi aceitunita verde.

Retoma el uso de aperos que se alimentan de durezas y sudor. Recupera el aliento con el caño del botijo que rezuma bienestar. Mi aceitunita verde.

Sobre todo, invierte en amistades duraderas. En relaciones sinceras que no carguen intereses de tipo fijo ni variable. Mi aceitunita verde.

El sistema, que lo absorbe todo para bien o para mal, también convierte aquel entorno saludable y ordenado en competitivo y estresante, generando la entropía. Mi aceitunita verde.

Continuamente serás comparada con tus homólogos y te sentirás sometida a la presión de obtener mejores resultados, voraces objetivos, en definitiva, un rendimiento desmedido. Mi aceitunita verde.

Es entonces cuando, para reestablecer la cordura y el ritmo acompasado de la respiración, se requiere realizar una brusca parada en seco, con la que zozobren los estamentos asumidos y se reseteen los parámetros de partida. Mi aceitunita verde.

A continuación, llegará sin falta el tiempo de la botijuela, de celebración de lo superado y reparto de la cosecha. Su recuerdo servirá para coger impulso cuando la fuerza flaquee. Mi aceitunita verde.

Porque siendo auténticamente bueno, no es necesario parecerlo. Las apariencias solo conllevan lo mismo, protuberantes figuras abstractas vacías de sentido y sensibilidad. Mi aceitunita verde.

Debes estar convencida de que vales tu peso en oro, en quilates de sonrisa, en toneladas de dulzura y bondad. Mi aceitunita verde.

Luce con humildad los exuberantes encantos que lo divino te ha regalado. Máxime tus ojos verdes y esa mirada que provoca la exaltación de lo sublime. Mi aceitunita verde.

Para todo lo demás, aquí está tu mamá que te quiere. Que es feliz con tu felicidad. Mi amor, mi aceitunita verde.

* Camino a Ítaca, poema de Constantino Kavafis

 

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