157. El viejo olivo

Ana

 

Hace ya mucho tiempo, existía un árbol centenario de mediana altura y rugoso, el de aceitunas, que se mostró majestuoso al sol y destacó por encima de otros en un marco incomparable de campiñas montañosas en contraste con paisajes serranos.

Un joven agricultor lo cuidaba todos los días, desde el amanecer hasta las primeras sombras de la noche.

Un día, el muchacho estaba quitándole las malas hierbas y escuchó que el veterano olivo le hablaba diciendo: “¿Vienes a atenderme hoy también?

Él, muy sorprendido, contestó: “Sí, señor olivo, debo arrancar estos hierbajos que le perjudican y echarle abono para que produzca muchísimas olivas con aceite de calidad”.

El árbol se puso muy contento y volvió a preguntarle: “¿Y el agua? ¡Tengo mucha sed!”

El chico le respondió: “No se preocupe, la lluvia se encargará de empaparlo”.

Y el viejo olivo sonrío.

El tiempo pasó y el olivarero se olvidó de él.