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153.- Un periodista en Villa Aceituna

El reportero

 

Una mañana, después de un agradable viaje llegué a Villa Aceituna, pueblo de un país mediterráneo. Como periodista debía realizar un reportaje en torno a una variedad de turismo sostenible, que posicionaba a la comunidad como un destino turístico novedoso, con un atractivo natural y cultural que giraba en torno al árbol de olivo, su fruto, y los productos que se elaboran a partir de la aceituna, particularmente el aceite. Hasta ahora mi contacto como cronista había sido con el turismo masivo, particularmente de sol y playa, por lo que el envío a la comunidad me llenó de curiosidad y de contradicción. Villa Aceituna, como destino comenzaba a posicionar en la conciencia colectiva al Oleoturismo. La localidad, vista desde su montaña más alta daba la impresión de ser el sol bifurcado en seis raíces. La plaza, situada en el centro era el núcleo solar, las calles semejaban rayos que se proyectaban como relámpagos en los sembradíos de olivo, esa fue la experiencia visual que recogí mientras descendía en parapente la mañana que disfruté la experiencia en el pueblo. Villa Aceituna, como infinidad de poblaciones ubicadas a lo largo de la cuenca mediterránea, había hecho del árbol de olivo su rey. En torno a la planta cada habitante, a lo largo de milenios, había gestado un estilo de vida. En conjunto sus pobladores vestían la espiritualidad de la cultura del olivar. La tradición nació durante nuestra prehistoria, cuando fueron creadas las primeras vasijas aceiteras, a partir de entonces la aceituna, su árbol y sus productos fueron testigos de la evolución del ser humano y su cultura. Un sinfín de nativos seguían la tradición de siembra, recolección y elaboración de aceites, jabones y detergentes, tal cual como lo habían realizado sus ancestros durante años. Villa Aceituna ganaba notoriedad dentro del agroturismo. Como pueblo sustentado en la cultura del olivar estaba incursionando en el turismo con un producto turístico que resultaba novedoso. La actividad turística había sido pensada considerando el respeto del planeta tierra y sus procesos ecológicos. En términos económicos era una actividad rentable; permitía la participación de todas las personas generándoles beneficios económicos. En términos sociales garantizaba el mantenimiento, difusión y conocimiento de una cultura y sus valores, pues el saber cultural era parte del producto. El Oleoturismo era para el disfrute de las generaciones del presente, les permitía satisfacer sus propias necesidades, considerando también la satisfacción de las generaciones del futuro, incluida la de las personas que ingresaran como turistas, visitantes o excursionistas.

Cuando conocí el Oleoturismo, un canal de televisión había realizado una entrevista a un artista con discapacidad visual y este invitó a las personas a conocer a Villa Aceituna, manifestó haber vivido una grata experiencia. El cantante referenció al destino turístico como un paraíso gestado por las manos de sus propios habitantes, para el disfrute de la necesidad de ocio y recreación. Para entonces el pueblo y su producto eran desconocidos, el artista propició su conocimiento, manifestó haber quedado satisfecho, porque el servicio había sido pensado y planificado para la inclusión de personas con discapacidad. Él había recibido un servicio turístico accesible, inclusivo y de calidad como persona con diversidad funcional. La inclusión social de las personas con discapacidad para el disfrute del turismo en Villa Aceituna se ponía en evidencia: en la concepción, diseño, planificación y desarrollo; así como en generar las condiciones de acceso. En igual medida se planificaba, se gestionaba y se ofrecía un producto turístico teniendo en cuenta los diversos segmentos de personas con discapacidad, pues cada uno de ellos demandaban necesidades distintas, cada una determinada por las diversas discapacidades de la clientela. El segmento de personas con discapacidad en Villa Aceituna disponía de adecuaciones y adaptaciones en la prestación del servicio para la satisfacción de turistas que generalmente vivían experiencias frustrantes, en vez de gratificantes. La novedad de Villa Aceituna no solo era la de haber posicionado a la cultura del olivar con su producto: el aceite de oliva, sino que además, prestaba sus servicios de una forma inclusiva y accesible para toda persona.

El comentario del artista con discapacidad visual generó que me encomendaran la función de conocer a la población para escribir en torno a la cultura del olivar y el oleoturismo. Cuando llegué al pueblo me alojé en una posada que fue registrada con el nombre de “Aceituna Silvestre”. Yo había sido informado que al llegar al espacio de alojamiento avisarían para que me vinieran a buscar. El encargado de guiarme por el destino, para conocerlo y disfrutarlo, sería el director de la asociación de posaderos y prestatarios de servicios turísticos.

— Buenos días licenciado Manuel, gusto en conocerlo, mi nombre es Marcos. — Dijo el hombre cuando llegó, se desplazaba en un vehículo oficial, se podía leer: “Bienvenido a Villa Aceituna, un destino turístico de la cultura mediterránea”.

— Buenos días licenciado, gusto en conocerlo, me gustaría que me llamara por mi nombre, solo Manuel. — Marcos era una persona amena. — Bueno, mi amigo, estoy listo, usted dirá por dónde comenzamos el recorrido.

— Primero lo invito a comer, vamos a desayunar en uno de los restaurantes que está frente a la plaza. — Nos dirigimos al lugar, en el trayecto pude ver infinidad de plantaciones de olivo. La gente de la comunidad trabajaba la agricultura, supe que generaban su propia soberanía alimentaria. La calle por la que transitábamos nos conduciría hasta el pueblo. Cuando llegamos a la plaza, el desplazamiento de personas era fluido, dada la cantidad de ancianos y personas con discapacidad que pude ver, interpreté que Villa Aceituna garantizaba que los turistas con discapacidad vivieran una experiencia de turismo inclusivo. Una joven con parálisis cerebral, incluida dentro de un grupo de turistas, era guiada por dos jóvenes que formaban parte del personal de una posada.

— Manuel, Villa Aceituna como destino turístico, ha hecho de la planta de olivo su producto, los turistas vienen a conocer y a disfrutar la cultura del olivar; la aceituna, su árbol y los derivados que se obtienen están reseñados desde que se asentaron las primeras civilizaciones en las orillas del Mar Mediterráneo. Cuando las personas del paleolítico se dieron al sedentarismo y a la práctica de la agricultura, desde ese momento se domesticó al árbol para aprovechar su fruto.

— Marcos, creo que yo, como la mayoría de personas, sabemos muy poco de esta planta.

Ingresamos al restaurante, el espacio rendía culto a la cultura olivar, en sí mismo parecía un museo, se podía ver que parte de la decoración aludía a diferentes piezas de la historia antigua que habían sido empleadas en la extracción del aceite, pude ver varias vasijas de la era rupestre, también prensas y lámparas que en la antigüedad habían sido utilizadas para alumbrar las noches.

— Manuel, la historia del árbol de oliva es tan antigua como la humana. Los productos que hemos aprendido a extraer, están ligados a nuestro gentilicio, configuran nuestra cultura, dan pie a nuestra economía y a nuestra personalidad individual y colectiva. — La persona que nos atendía nos mostró el menú.

— Según lo que he leído, la población es habitada por más de mil personas, disponen de todos los servicios, hábleme un poco de la experiencia agroturística de Villa Aceituna; ¿toda la actividad turística gira en torno al oleoturismo?

— Villa Aceituna nació como pueblo dedicado a la agricultura y cría, cuando se dieron las condiciones incursionamos en el agroturismo. Como nuestra fortaleza estaba en la cultura del olivar, generamos esta propuesta, es decir, nuestro producto turístico: El Oleoturismo, este es gestado por la mano de agricultores, ellos de forma artesanal, e incluso industrial, obtienen de la aceituna el aceite. — Después de degustar la gastronomía local comenzamos el recorrido por el pueblo. Llegamos a la plaza para que yo decidiera desde allí alguno de los senderos a recorrer.

— Es agradable el pueblo. — Dije.

— Manuel te invito a sentarnos, para que disfrutes del panorama y tú decidas la ruta. — Desde el lugar pude percibir infinidad de personas, ingresaban a los restaurantes para satisfacer la necesidad de alimentación, otro grupo pasaba al interior de los establecimientos donde expendían infinidad de tipos de aceites, jabones y detergentes que en la comunidad sus pobladores elaboraban siguiendo el patrón que habían heredado de sus ancestros.

— Marcos, estoy observando que además de la actividad turística se realiza una moderada actividad comercial en torno al aceite de oliva y otros productos.

— Sí Manuel, de este pueblo sale mucho aceite que se distribuye incluso en países de América. Todos estos establecimientos que ves comercializan aceites, encurtidos de aceitunas, jabones y detergentes. Vamos a comenzar por el centro del pueblo para que conozcas su actividad comercial y la historia de la aceituna desde la prehistoria. Te pasearé por cada era. No me gusta sugestionar a las personas, pero recomendaría que comenzáramos por la Edad Antigua, para que después puedas entender la historia de la cultura olivar durante la Edad Media, hasta la fecha actual. Mañana te conduciré por las plantaciones y las diferentes empresas, tanto las artesanales como las de respetable tecnología.

— Está bien, vamos por donde tú creas que favorece la comprensión. — Cruzamos la calle, llegamos a un espacio plantado de aceitunas silvestres, allí fui informado que el olivo es un árbol que la madre tierra gestó entre tres y cuatro millones de años, quizás nació durante el tiempo que la historia reseña como la Edad de la Piedra, era en la que evolucionó el Homo habilitis. El árbol surgió en la cuenca del Mar Mediterráneo. En el lugar donde estábamos yacía una calzada que conducía a un museo. Cuando ingresamos al espacio cultural, en su interior había mucha gente, de ellos muchas personas presentaban diversos tipos de discapacidad; los guías turísticos les conducían por el museo para contarles la historia de la cultura olivar. Marcos me dijo:

— Manuel, estos restos arqueológicos son testimonio de la existencia de equipos de producción de aceite de oliva en un pasado prehistórico, estos que ves, eran empleados hace seis mil quinientos años, en la era conocida como neolítica. También han sido encontradas vasijas aceiteras, como la siguiente réplica, esta de aquí, que data de unos siete mil años a ocho mil años en el pasado, observa esta lámpara, es una réplica de la que utilizaban para alumbrarse en las noches.

— Quiere decir que el aceite de oliva, es la herencia cultural del ser humano que existió en la edad de la piedra. — pregunté y afirmé.

— Así es, el aceite nace en nuestra prehistoria. Pero aunque se haya originado en la edad de la piedra, la primera reseña data del tercer milenio, antes del cristianismo, en Siria. Hay pruebas, la arqueología alega que existía la producción de aceite en esas tierras, para su propio abastecimiento, e intercambio comercial.

— ¿En este museo se encuentra la historia del árbol de oliva y la cultura olivar? — pregunté.

— Se encuentra parte, aquí vamos a conocer la historia de la Edad Antigua, por eso se le llama “Museo de la Cultura Olivar Antigua”, aunque también recoge trozos de la prehistoria. — Respondió.

Marcos me condujo hacia otro espacio del museo, donde pude conocer la evidencia de la existencia de aceite de oliva en Egipto, durante el tercer milenio antes de Cristo, pude ver réplicas de obras originales en las que la planta de olivo fue registrada en algunas pinturas y en sarcófagos de las momias de los faraones durante el llamado Imperio Antiguo de Egipto. Para esta cultura el aceite era valorado, le daban un uso simbólico, también medicinal y como combustible. Marcos me dijo:

— En este cuadro que ocupa la pared, puedes ver que los egipcios utilizaban el aceite de oliva para recuperar la salud como fármaco, cosmético, ungüento y para embalsamar a sus muertos, en el caso de algunas tumbas de faraones se cita al aceite de oliva, tal el caso de Ramsés III. Las culturas del pasado transmitieron a las del presente su uso medicinal. — Marcos me informó que hoy en día se le consideraba una planta con poder medicinal, el aceite de oliva tenía uso dietético por ser muy digestivo y carecer de colesterol, también lo empleaban en el tratamiento naturista de enfermedades, incluso en afecciones de la piel

— Nunca pensé que tanta cultura se encontraba en torno a esta planta. —dije.

— Manuel, observa este inmenso cuadro, puedes ver que en Palestina es donde se tiene seguridad de los restos arqueológicos de aceite de oliva más antiguos, existen libros históricos que se menciona al olivo y su aceite, en esta zona la arqueología ha encontrado restos del pasado con morteros y prensas de piedra que empleaban para la producción del aceite. En textos antiguos se informa la exportación de aceite de Judea, Palestina y Siria a regiones como Egipto, todo hace suponer que era una región rica en olivos y en la extracción de aceite, ellos mercadeaban el excedente.

— Bien interesante.

— Ahora observa este cuadro y esta reseña relacionada con la cultura hebrea tomada de la biblia, el olivo se asociaba con la paz y la belleza, el aceite se empleaba para uncir a los reyes de Israel. También se empleaba en nacimientos, bodas, masajes, perfumes, ungüentos y como combustible. El candelabro judío de siete brazos era alimentado con aceite de oliva. En la antigua Mesopotamia la producción de aceite fue escasa, este pueblo la comercializaba con Siria, lo usaban como cosmético, fármaco y combustible para las lámparas.— Una joven con discapacidad motora, que ejecutaba el trabajo de guía dentro del museo estaba con unas ocho personas con discapacidades múltiples; me despegué de Marcos para escucharla decir a los turistas que en Creta, durante la Edad del Bronce, unos tres mil años antes de Jesucristo, se conocía el aceite de oliva, supe que la civilización minoica, de Creta, se benefició y tuvo avances gracias al comercio de la aceituna y el aceite, en igual medida en la isla de Sicilia, en Italia, estudios demostraron la existencia de aceite de oliva a fínales del tercer milenio antes de Cristo. En la Grecia clásica el olivo era símbolo de paz y tolerancia; representaba a la victoria y a la inmortalidad. Las personas que ganaban una competencia en los juegos olímpicos, recibían coronas con ramas de olivo.

— ¿La cultura del olivar es conocida por todas las personas en Villa Aceituna? — El hombre respondió:

— En este pueblo rural estamos comprometidos con el turismo sostenible, es nuestra empresa sin chimenea, todos y todas recibimos sus beneficios, por una parte es una fuente de prosperidad económica, gracias a la actividad, este poblado ha ganado calidad de vida, en igual medida se mantiene y difunde una tradición cultural que es en sí misma un estilo de existencia, la prueba es que ha permanecido a lo largo de los siglos. En la escuela y liceo nuestros niños y adolescentes refuerzan la cultura olivar y cómo mantener la tradición turística, pues aprenden los valores que hemos de mantener para satisfacer las necesidades de las personas que ingresan como turistas, como visitantes y excursionistas.

— Es importante ya que los valores se aprenden con las propias acciones. — Le respondí. Continuamos el recorrido por el museo, supe que los Fenicios también fueron protagonistas en la expansión de la cultura olivar por el Mediterráneo; en un espacio pude leer que fueron ellos los que introdujeron el cultivo y la producción a la Península Ibérica, a inicios del primer milenio antes de la era cristiana.

— Manuel, los pueblos de la edad antigua valoraron la siembra de la planta de olivo y utilizaban su aceite para diferentes fines, lo utilizaban por su valor alimenticio, cosmético, medicinal y como combustible. — Yo estaba sorprendido de toda la historia que estaba latente en la cultura olivar. Le comenté:

— Es muy interesante, yo pensaba que el aceite era una creación de la modernidad, hay que ver que a veces nos cobija el desconocimiento. Marcos respondió:

— En la actualidad promovemos un producto turístico dentro del oleoturismo, con una ruta, que ofrece al olivo y su historia. El aceite de oliva es el producto rey de nuestra gastronomía, gracias a él hemos labrado nuestra cultura, para beneficio de la comunidad en el presente, pues nos permite satisfacer nuestras necesidades y al mismo tiempo, garantizamos que las generaciones del futuro, puedan satisfacer sus propias necesidades también. Hemos condicionado nuestra actividad bajo el modelo de desarrollo sostenible. Podemos hablar de una forma de agroturismo, un turismo sintonizado con la naturaleza y el respeto de sus procesos ecológicos, en igual medida, garante del respeto de la cultura local y ancestral. — Después que recorrimos el museo salimos a la calle. Dije:

— Marcos he escuchado que en paracaídas uno puede tener una panorámica del pueblo y de las plantaciones de olivo.

— Es cierto, si gustas mañana te puedo llevar para que disfrutes observar a la comunidad desde lo alto. Mi amigo, son las doce del día, te invito a comer, vas a saborear otros platos de la gastronomía local, generado por nuestra soberanía alimentaria.

Después de comer una exquisita ensalada con papas y pollo, apenas tuvimos oportunidad de conocer el museo de la Edad Media. Casi al anochecer Marcos me condujo a la posada. A la mañana siguiente fue a buscarme para trasladarme hacia la empinada montaña, espacio desde el que se divisaba la majestuosidad de Villa Aceituna, desde allí volé en parapente guiado por personas que ofertaban la actividad en la comunidad; vi descender a gente con movilidad restringida, que al igual que yo, contemplaron desde lo alto al espacio de la cultura mediterránea que gestó la cultura del olivar, para que esta se diera a conocer a través de la actividad agroturística sostenible. La experiencia del Oleoturismo que disfruté en Villa Aceituna fue eficiente y de calidad, la plasmé en un artículo que llamó mucho la atención en las redes sociales; la cantidad de personas que decidieron leerlo y compartirlo casi lo hacen viral.

 

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