146. Pasible de impuestos

G. J. Castro.

 

—Dígame usted, señor Colmenares…

—Es con zeta, señor fiscal.

—Como sea, en fin. ¿Cómo es posible que usted con apenas cinco hectáreas de olivares genere 100 millones en beneficios? ¿Cómo lo explica?

—Porque me di cuenta que exportar la aceituna era más rentable que procesar el aceite.

—Y eso, ¿por qué? Explíquese.

—Es un secreto de estado.

—Ya.

Entró a la sala un sujeto con guantes que llevaba una de estas dichosas aceitunas, más pesada y verde de lo normal. Parecía incluso de plástico.

—Le explico, hay una industria de la energía floreciente en Alemania, quemar las aceitunas produce más Kilowatios/hora que la gasolina.

—Entonces los petroleros irán a por usted…

El sujeto con las aceitunas de muestra abrió una de estas y cayeron pepitas doradas ante la sorpresa del auditor, que se esperaba salpicadura blanca o de cristal azul, y para desgracia del señor Colmenarez.

—¡Joder! macho, esa mina es mía, está en mi propiedad.

—Igual irá preso, no la ha registrado, ni ha pagado los impuestos respectivos.

Y mientras el hombre se defendía, ambos sujetos, el que estaba sentado y el que yacía parado, se frotaban las manos.