142. Al final del arcoíris

Esperanza

Una leyenda irlandesa dice que, cuando tras la lluvia vemos extenderse por el firmamento el arcoíris, justo donde éste acaba se encuentra un tesoro maravilloso: una olla repleta de monedas de oro.

Al menos eso es lo que afirma mi amigo Patrick, mientras degustamos un delicioso té con leche en el porche de mi casita de campo, en medio del olivar. Tras un breve e intenso chaparrón, el cielo va recobrando su claridad de abril y un imponente arcoíris se despliega ante nuestros ojos, justo por encima del gran olivo que preside mi jardín.

Querida —me dice—, si el arcoíris acabara sobre la copa de tu olivo centenario, podríamos estar seguros de que en sus raíces se encuentra la famosa olla de oro. Pero termina sobre ese cobertizo. ¿Qué será lo que guardas ahí?

Yo le doy un sorbo a mi taza de té y sonrío. Él no sabe que ahí adentro almaceno el aceite obtenido de la última cosecha. Patrick siempre dice que la garrafita de aceite que le regalo cada año es su tesoro, su oro líquido.

Guardo un tesoro mejor que la famosa olla llena de oro. El arcoíris lo sabe.