135. La mancha

Lidia Rodríguez Maldonado

 

De pequeña era menudita y siempre tenía la piel seca. Comía muy mal, sólo me gustaban los macarrones, nada de verduras ni fruta.

Mi madre siempre me decía: ¡Toma pan con aceite de oliva y verás cómo se te pone la piel de suave!

Yo nunca le hacía caso, me comía el pan seco.

Hasta que un día, sin darme cuenta, mi madre echó un poco de aceite en un trozo de pan y me lo dió diciéndome que era un pan especial de Cazorla, yo me lo comí sin darme cuenta, realmente me gustó el sabor de aquel pan.

A la mañana siguiente, cuando me levanté, me vi una mancha en el brazo lisa, suave, más que una mancha ¡era como si se me hubiera curado la piel seca! 

La tapé para que nadie lo viera, porque no entendía lo que me había pasado…

Ese mismo día, por la noche, mi madre me dio otro trozo de pan, de ese tan rico. Y a la mañana siguiente, ¡la “mancha” se hizo más grande!

No podía ser… ¿era un pan mágico?

Volví a taparme para que nadie lo viera. Y así, estuve comiendo pan con aceite, durante una semana, hasta que…. la mancha me llegó a la cara. 

Esa mañana me levanté reluciente. Y no podía taparme por más que quisiera… Me sentía bien, pero me puse a llorar…

Cuando mi madre me vio, no podía creérselo, mi piel era suave y lisa… En ese momento recordó lo que me dijo. ¡No podía ser! ¿Se había cumplido?

Entonces me lo explicó todo. Yo lo entendí y desde entonces todos los días me como un trozo de pan con aceite, y no sólo eso, también como fruta y verdura porque es buena para otras cosas…