134. El viejo olivo

Manuel González Casaus

 

El viejo olivo del jardín perdió su fuerza en el último y cruel invierno. Una tormenta pasó furiosa arrancando de cuajo sus ramas más débiles. Todos esperábamos que la primavera volviera a fortalecer su maltrecho cuerpo, pero ni una sola flor asomó. Tampoco el verano cumplió con su cometido de atemperar su cuerpo. Ni siquiera su sombra era suficiente para protegernos del agobiante calor. Al llegar el otoño ningún fruto pudimos recoger. En casa todos dicen que ya solo sirve para leña. Y yo digo que esperen, pues solo tú y yo sabemos que en su tronco está grabada tu inicial junto a la mía.