130. Mano helada

Lea

De regreso a la tierra que vio nacer a mis padres me reciben en fila, a ambos lados de la carretera, los majestuosos olivos centenarios que me han acompañado desde que tengo recuerdo.

En invierno, durante la recogida de la aceituna, las comidas debajo de estos viejos y sufridos árboles, reunidas todas la generaciones familiares.

Única fuente de alimento, matando el hambre en muchas ocasiones.

Trabajo duro, hecho a mano, todas eran pocas para acabar con aquella gran faena. Una mano helada y la otra agarrada a una piedra caliente.

Los olivos, nuestra herencia familiar y paisaje de nuestra vida, sus frutos siempre bien recibidos en nuestra cocina.

Árboles duros, firmes contra el frío y el calor inmensos. Floridos y bellos en primavera. Ofreciendo con orgullo su cobijo a cualquier caminante.

Árboles centenarios curtidos en mil batallas, todavía junto a nosotros ofreciendo lo mejor de ellos mismos.

Sois y seréis siempre parte de nuestra familia.