13. Paisaje/casa

Alondra

 

Una puede sentirse en casa a miles de kilómetros de distancia, ¿te ha ocurrido alguna vez? Cuando esto ocurre sientes una leve contracción en la boca estómago, un pellizco agradable que deja un sutil cosquilleo. Es un instante de conexión invisible con un espacio lejano, con una tierra que no es la que pisas, ¿lo habías pensado? No deja de sorprenderme que sea posible sentirse en casa a miles de kilómetros de distancia.

Rashid me escucha mientras, con una concentración ritual, arranca un pellizco de pan ácimo, lo moja en un pequeño cuenco de aceite de oliva brillante casi verde y después lo impregna de Zaatar de otro cuenco.

A veces te pasa y no sabes muy bien por qué. Otras veces el detonante es más que evidente. A mí, aquí y ahora, lo me hace sentirme en casa, a miles de kilómetros de distancia, es este paisaje. Esta tierra roja salpicada de matorrales, las montañas al fondo, los campos de olivo. Siento ese pellizco en la boca del estómago. Yo pertenezco a este mismo paisaje. ¿Te ha ocurrido alguna vez?

Rashid me contesta, con la boca llena y una sola palabra: Mediterráneo, habibti.