127. Evolución comarcal

Plica

 

Hace muchos años en Semana Santa estábamos cogiendo aceitunas a uñate, las jóvenes con rodilleras y las mayores con una almohadilla hecha con un trozo de colchón de espuma forrado con tela de escai y vino al tajo una familia que en los años 50 emigró del pueblo a la ciudad y en esta época venían de limpia orzas a casa de familiares. No se me olvida el espantijo que hizo la chacha de Madrid cuando nos vio: “mira las comodonas con cojines en la aceituna”.

Este año han vuelto a venir, se han alojado en un cortijo rural de su familia que habían visto y reservado por internet.  La casa está climatizada, con todas las comodidades, se accede por un carril estupendo entre los olivares que ahora cosechan del árbol con vibradores mecánicos para trabajador@s, pinzas vibradoras de troncos acopladas a tractores, quads para tirar de los fardos, tractores con remolques elevadores para descarga en camiones; para el suelo barredoras y limpiadoras de criba que no dañan el fruto y permiten una recolección rápida. Algunas de aquellas personas que se comen su joyo con acetite, aceitunas aliñadas y cualquier embutido elaborado en la zona, mientras ven por la ventana el trabajo cotidiano de la gente del campo, se alegran de que sus familiares también restauraron el cortijo medio caído y ahora complementan su renta de aceituner@s bregando en el campo con la de gestores de su alojamiento.

Esa evolución se ha visto en nuestros pueblos en bastantes casos de trabajador@s que han invertido en mejorar sus explotaciones y crear espacios para atender al turismo creciente en la comarca con una oferta de calidad de aceite y de actividades complementarias para quienes les visitan.