125. Herencia

Vivana Andrea Vinci

 

¿Un día más o un día menos?, se preguntó mientras se abrazaba a un árbol para no caer. Confiaba en que leerían el mensaje que dejó escrito sobre un poste de madera junto al grifo:

«No corte el agua,

Se están regando los olivos»,

y salió a caminar sin rumbo fijo, sostenido por un bastón que él mismo hizo de caña. Toda su vida estaba allí. Toda su historia. Sabía más que nadie que no debía regarlos, pero eran sus únicos hijos. El viaje que se aproximaba los dejaría desamparados, a merced del clima seco que acechaba. Su corazón latía como un péndulo. Se estaba achicharrando bajo el sol del verano. El sombrero de paja escondía a medias su dolor. Una punzada le cortó la respiración. Tal vez se inunden, tal vez me echen de menos, tal vez los ronde por las noches, pero podré irme tranquilo, porque mis campos seguirán allí.