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122.- Olivos universales

Deeppersong

 

…El pueblo de Olivos Universales, realiza los preparativos para su ya tradicional Semana del Olivo, la bonanza es más que evidente y eso se nota no sólo en toda la decoración, es visible en los rostros de los olivicultores del pueblo…

Han pasado ya catorce años desde la primera vez que los habitantes del pueblo Olivos Universales tomaron contacto con Carlos Grandinfler, un extraño personaje que parado en el medio de la plaza, frente a todos los habitantes del pueblo, daba inicio a una extraña presentación.

A medida que la exposición avanzaba los rostros de los concurrentes mostraban caras de incredulidad, de extrañeza, caras de… “aquí hay algo que no calza en la presentación de este extraño sujeto…”

Hoy, nuevamente reunidos en la misma plaza, a catorce años ya de esa presentación, todos, sin excepción, se alegran de haberse “embarcado” en aquella “alocada idea” que con mucha fuerza presentó Carlos Grandinfler a los habitantes.

Esa idea ya es una realidad y ha comenzado a dar frutos.

El nombre del Pueblo no pueden cambiarlo por un tema de Denominación de Origen, pero pueden entregarle un Diploma, las llaves del Pueblo y la nueva planta que está pronta a ser terminada, definitivamente llevará su nombre. “Planta Procesadora de Olivos Carlos Grandinfler”

El comentario generalizado de todos los que van llegando a la plaza es el mismo… “Es lo mínimo que podemos hacer…”

La abuela de Horacio, camina con él de la mano, siente que por esta vez es más seguro llevarlo bien sujeto, la plaza está ya comenzando a llenarse y, si quieren tener un buen lugar, deben llegar relativamente temprano. El pequeño Horacio no entiende muy bien qué es lo que ocurre, pero sabe que dentro de poco le comprarán un delicioso helado en el local de Don René, que queda de camino a la plaza, él es el precursor del ya famoso helado de olivos.

Mientras caminan con su abuela Orfelina al local de Don René, Horacio hace una inocente pregunta que Orfelina se encargará de contestar tan pronto estén sentados en la plaza y disfrutando del delicioso helado.

–Horacio –comienza diciendo Orfelina, –hace ya quince años llegó hasta nuestro pueblo un señor, su nombre, Carlos Grandinfler. En esa oportunidad había solicitado hacer una presentación a todos los presentes aprovechando la alta concurrencia de nuestra tradicional Semana Del Olivo, quería presentar una idea que tenía en mente. A medida que avanzaba en su presentación todos nos mirábamos sin entender ¿cómo era posible que un completo extraño nos propusiera esa idea? Más aún, siendo todos nosotros receptores de una extensa tradición olivícola, nos preciábamos de saberlo todo con respecto al Olivo, cultivo, variedades, procesos, usos y un largo etcétera.

Que un perfecto desconocido intentara darnos cátedra de lo que era una tradición de toda la vida no era algo que, en principio, sonara bien, pero, con cortesía le permitimos terminar. Él, muy amable, agradeció ese gesto y terminó su presentación ofreciendo luego la palabra para aclarar cualquier duda que pudiera haber generado aquella “alocada idea”.

—¿Abuela Orfelina?

—Sí, Horacio.

—¿Podemos más rato ir por otro helado donde Don René?

—Por supuesto que sí, pero eso será luego de terminada la ceremonia y una vez que hayamos recorrido toda la feria, como es la costumbre. Ahora, déjame continuar mi relato. Como te iba comentando, Carlos Grandinfler, no era del pueblo, nadie lo conocía y estaba parado frente a todo un pueblo contestando preguntas, apoyándose para ello en datos, cifras, mostrando extraños mapas, planos, que pese a ser de gran tamaño no eran fácilmente visibles por todos los allí presentes.

Recuerdo que esa vez con mucha solemnidad los dobló un par de veces y solicitó a los que estaban más cerca de él que los miraran y luego los hicieran llegar hasta los que estaban más retirados. ¿Y sabes qué?, a todos nos llamó la atención que trajera varias copias, se comenzaba a notar una extraordinaria preparación por parte de aquel extraño personaje. Nos dio la impresión que realmente sabía lo que estaba diciendo, lo que intentaba hacer comenzaba a vislumbrarse como algo realmente posible de llevar a cabo.

Entre preguntas y respuestas dio a conocer que dejaría copias de todo lo que estaba exponiendo tanto en el ayuntamiento, como en todos aquellos lugares que nosotros determináramos, la idea, según él, era que todos tuviéramos acceso a la información y que una vez que todas las dudas estuvieran aclaradas y, si estábamos todos de acuerdo se daría inicio a tan magna empresa.

Como comprenderás ese tipo de cosas tardan su tiempo, leer documentos que no todos entendíamos, pedir que se nos explicara una y otra vez, en fin, fue un proceso bastante largo, pero gracias a la buena voluntad de todos se logró finalmente dar inicio a la idea de Carlos Grandinfler, que dicho sea de paso es el orador de hoy, y será homenajeado por todos.

No bien Orfelina termina de hablar comienzan a escucharse los aplausos… Carlos Grandinfler ya está caminando rumbo a la tarima para dar inicio a unas palabras. Nicasio Torres Valdez es el Alcalde del pueblo y dará un breve discurso inicial que da paso al ilustre invitado.

Las palabras del Alcalde son emotivas, en silencio el pueblo entero escucha y asiente con la cabeza en señal de aprobación de cada una de las palabras, todas dedicadas a dar agradecimiento a Carlos Grandinfler. Luego de un extenso aplauso es el turno del orador principal, del homenajeado.

Carlos inicia agradeciendo las muestras de cariño que se han materializado en la entrega del Diploma, las llaves de la Ciudad y el bautizar a la nueva planta procesadora con su nombre. Brevemente agradece la confianza depositada en él cuando se dirigió a los presentes con su visión… Visión que hoy los llena a todos de orgullo, no sólo a él como gestor. Su intervención culmina con una frase que queda retumbando en los cerebros de cada uno de los presentes:

¡El logro es de todos!, termina diciendo de manera emocionada.

Tan pronto baja de la tarima algunos se acercan a conversar, otros comienzan a recorrer los stands dispuestos alrededor de la plaza, hay variedad de productos, todos relacionados con la Olivicultura. Mermeladas, dulces de Oliva, cremas, aceites, bolsas de té de oliva, artesanía en cuescos, jugos, productos para el cabello, aliños diversos, el uso en biomasa, elaboración de filtros para purificar agua, usos en calefacción, etcétera, etcétera, etcétera.

Mientras inician el recorrido Horacio mira a su abuela, quien le hace un comentario antes de retomar la historia iniciada hace un rato.

—¿Sabías que un Olivo puede vivir más de dos mil años? Como te iba contando, todos los adelantos de que dispone el pueblo en estos momentos jamás hubieran ocurrido de no ser por la férrea unión de todos, del incansable trabajo de cada uno de nosotros, se dio una especie de sinergia motivada por Carlos Grandinfler.

–Pero, Abuela Orfelina, ¿qué fue lo que hicieron?, ¿a qué se debe finalmente la “bonanza” de que todos hablan y están agradecidos?

–De partida, querido nieto, lo que se hizo en conjunto colocó al Pueblo de Olivos Universales en el mapa, y no sólo en el mapa, lo visibilizó a nivel mundial, más que mundial… Universal.

—¿Y eso porqué ocurrió, abuelita?

—Eso ocurrió simplemente porque el pueblo entero acogió la idea del homenajeado de hoy y llevó a cabo no sólo el sueño de Carlos, sino que también el sueño de él y que pasó a ser el sueño de todos y ese sueño al correr de los años se hizo una real realidad.

–¿Y cuál fue esa idea, Abuela Orfelina?

—Carlos nos planteó aumentar la zona de cultivo de olivos además de efectuar un cambio en algunas especies y eso implicó retirar muchas hectáreas con olivos ya en producción y reemplazarlas por una variedad completamente diferente. Y…

–¿Y qué, abuelita?

Y, el tema principal era que mucha de esa producción no sería destinada al consumo, cosa que a todos nos hizo ver su idea como algo realmente descabellado. Hasta ese punto ninguno de los presentes estaba dispuesto a seguir a alguien que dijera tamaña barbaridad, era simplemente imposible que eso ocurriera, al menos no en nuestro pueblo.

—Y si nadie quería hacerlo, ¿qué fue lo que los hizo cambiar de parecer, abuelita Orfelina?

—Lo que nos hizo cambiar de parecer fue la explicación final que dio Carlos Grandinfler.

—¿Y qué fue lo que dijo, abuelita?

—Lo recuerdo como si fuera ayer:

“Se han efectuado una serie de estudios y se ha determinado sin lugar a dudas que la elaboración de combustible con la variedad olivícola que ya les he mencionado es óptima y la contaminación que generará su uso es mínima, es un combustible seguro y amigable con el medio ambiente, además que dispondremos de un solo comprador que está dispuesto a firmar un contrato de por vida para toda la producción que tengamos. Nos ayudará con tecnología para implementar una planta procesadora cuyo costo será pagado por ese comprador y dará trabajo a las personas del pueblo de Olivos Universales”

—Y esa, querido nieto es la historia. Ya la verás en detalle en la escuela cuando sea tú tiempo. ¿Vamos ahora por el helado de crema de olivo?

—Sí, abuelita Orfelina y gracias por contarme esa historia.

Mientas Orfelina y Horacio caminan en dirección al negocio de Don René, Horacio se entretiene mirando los múltiples letreros y banderas que con un impresionante logo dan cuenta de la genial idea implementada por Carlos Grandinfler. El turismo en la zona se ha incrementado mucho estos últimos años, todos quieren ver los campos de olivos que ahora simbolizan el inicio de una nueva era.

—¿Abuela, crees que algún día yo pueda volar en una nave espacial?

—Si te lo propones de seguro lo lograrás, y, quizás al estar, por ejemplo, desde la luna observando nuestro planeta tierra, te enorgullezcas de la tierra, de tu tierra, que es la que ha generado la energía para que esa nave viaje por el espacio.

La Empresa Aeroespacial Deeper Intergalactic Olive ha implementado en todos sus lanzamientos el uso de combustible orgánico basado en el olivo.

 

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