120. De tus ancestros

Cide Amete

 

Son las 7 de la mañana de un domingo cualquiera. Estamos en el mes de noviembre. Abrigados, mi amigo Omar y yo caminamos los pocos kilómetros que hay desde Beas de Segura hasta aquel milenario ser vivo. Omar quería que le ayudase a buscar algo. Me contaba que sus abuelos siempre le contaron una historia que mencionaba que sus ancestros plantaron aquel majestuoso olivo, y que había algo que así lo acreditaba.

Al cabo de unas dos horas de camino polvoriento, allí se erguía sobro nosotros aquel imponente pero sereno árbol. Omar, visiblemente emocionado, sacó un trozo de papel amarillento, agujereado y arrugado. En él se leían las palabras en árabe: من أسلافك  que, según me decía Omar, significaba: De tus ancestros. Sus abuelos y los abuelos de sus abuelos y así hasta la época musulmana fueron contando que aquel olivo lo trajeron de retoño desde el norte de África y lo plantaron en aquella tierra andalusí. Y que cuando lo plantaron, decidieron dejar como testigo una inscripción tallada en caliza, en el suelo de la cara sur del árbol, que rezaba de tus ancestros.

Omar comenzó a cavar. Deseaba saber si aquel relato transmitido de padres a hijos durante más de 800 años era real. Quería comprobar si aquel enraizado y retorcido árbol olivarero lo plantaron sus ancestros. Quería saber si sus raíces estaban ligadas a las de aquel árbol al que llamaron olivo de Fuentebuena.