119. Manhattan_2.0

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Aquel fue un trabajo como otro cualquiera. Su intermediario, conseguidor y pagador le había dado detalles muy precisos de su objetivo, al que apenas si estuvo vigilando veinticuatro horas, apostado en una pequeña colina que se elevaba sobre el inmenso olivar donde dicho objetivo tenía una espectacular mansión. El entorno le exigía camuflarse con tonos verdes aceituna en lo que a la ropa se refiere, un camuflaje que le imprimió a su fusil de francotirador con un spray del mismo color. Dicho entorno mediterráneo venía acompañado por un sol implacable, lo que Mike llevaba lo mejor posible hidratándose convenientemente, y ocupando su mente pensando en que lo que realmente deseaba era terminar aquel, su último encargo, pasar página, y comenzar una nueva etapa de su vida con su chica, y un cambio profesional radical.

Pizza de pepperoni y rúcula para Carlota y espaguetis a la boloñesa para Mike, todo un tópico como plato pero no por eso menos delicioso.

Cuando este chef combina estos magníficos ingredientes: harina, sal, aceite de oliva, pimienta, tomate, orégano… el resultado es sublime, convirtiendo el trabajo entre fogones en magia, pensaba el sicario.

-Conmigo ha acertado de pleno. Esto está de muerte -dijo ella.

-Pues conmigo ni te cuento. Lo que no sé si seré capaz de comérmelo todo. Anthony me ha puesto pasta para un regimiento.

Terminaron de comer apurando una segunda botella que invitó la casa, lo que hizo inviable que quedara un mínimo resquicio estomacal donde alojar un postre.

-¿Hace un cafecito? -propuso él

-Por supuesto, para eso siempre hay hueco.

Cuando llegaron los cafés y encendieron sendos cigarrillos, Carlota fue directamente al grano…

-Lo he estado pensando y creo que deberíamos de intentarlo…