108. Tierra de mujeres

Ada Sillero

 

No recuerdo la primera vez que vi el mar, lo que sí recuerdo es la primera vez que pisé esta tierra.

Regresaba de una ciudad a trabajar en el olivar, teniendo por referencia la labor de mujeres campesinas que desde antaño habían sembrado vida, construido comunidad, defendido la tierra y parido la paz. Han sido años de trabajo y esfuerzo, remunerados con la satisfacción de cumplir con una tierra rumbosa y fértil.

Grabado en mi memoria está aquel, ya lejano, primer día de trabajo en que llamó mi atención un abombado puntito rojo con pequeñas manchas negras, que se mecía al son de una suave brisa sobre una verde brizna de hierba. Me arrodillé junto a la planta y el insecto subió a mi dedo como si fuese un ascensor. Solo unos segundos después desplegó sus pequeñas alas y se marchó, quizás molesta por mi inoportuna intervención. Al instante la perdí de vista, ante las hectáreas de olivos que esperaban ser trabajadas. Una sensación de inmensa libertad me inundó, sensación que aún no me ha abandonado.