106. Canto al olivo del lindero

Barlovento

 

Eres más viejo que nadie, noble olivo del lindero, nadie coge tu cosecha por las prisas de estos tiempos, las dejas caer poco a poco cuando llega el aguacero, serán comida de invierno para liebres y conejos.

De tu tronco retorcido de durísima madera, nadie pensó hacer nunca leña pues tu copa es gran sombrero, tomaban aquí merienda los sufridos jornaleros,

Pero ahora no se paran, pasan de largo trotando en tractores sacudiendo, con mucha prisa en la finca los olivos que crecieron, ya solo de un solo pie para hacer que cunda el tajo y coger pronto el sendero con grandísimos remolques del fruto que salto presto sobre modernos manteos, que abrazan todo el olivo sin miran ni por asomo la mucha que salta al suelo.

Solo importa lo industrial, ya nadie ve con esmero las mujeres de rodillas que cantando recogían hasta el último reguero, con canastillas de esparto con muy graciosos sombreros.

Ya no hay sitio para amores sin prisas y con esmero cuando en las tardes de invierno se procedía a la criba, entre miradas y guiños de corazones que laten mientras se mira el sendero donde se va el zagalillo con los costales cargados en mulillas y jumentos.

Ya no entrechocan las piedras del arte del molinero dando vueltas sin parar con el chorreo del aceite como monstruoso mortero.

Ya todo huele distinto, incluso el chorro tan negro que llevaba el alpechín serpenteando por senderos.

Malditos tiempos de prisas que roban la esencia al tiempo que hacía que las cosas tuviesen sentido y seso, costumbres de nuestros padres que heredaron los manteos de costalillos cosidos remendados con esmero

Y tu olivo centenario sigues llorando sereno recubierto por las zarzas al filo de aquel lindero.