104. Dile

Toñi Cruz Romero

Dile que me hizo daño, sentir su fuerza sobre mi piel reseca por los años, dolió como nunca antes lo hizo. A pesar de ello, me quedé donde estaba, le dejé golpearme y pasar sobre mí. Su cruel aliento resquebrajó mi protección, dejando lágrimas de ámbar. Desnudó mi piel y arañó donde antes estaba mi corazón. Por mi interior la savia sigue corriendo, pero todavía recuerdo como su crueldad medraba mi entereza.

¿Crees que se arrepiente? Yo no lo creo, pero aún así le espero todos los días con el anhelo a recuperar lo que fue y sentir en mi piel su dulce abrazo.

Puedo ver en la tierra seca los frutos caídos, quiero recogerlos para ponerlos donde deberían quedar, pero mis ramas no los alcanzan.

Quisiera levantar mis raíces para buscar refugio, un lugar donde mis frutos no sufran cuando él quiera meterse entre mis ramas de forma violenta, pero no puedo, estoy anclado en este suelo y expuesto a sus inclemencias.

Dile que perdono su impetuosidad al arrancar mis aceitunas antes de tiempo. Que no he podido escapar de su implacable zarandeo, pero que sigo aquí, con mi piel reseca por los años y el brillo plateado coronando mis pequeñas hojas

Amiga abeja, dile al viento que me hizo daño, pero que anhelo sus caricias al mecer mis hojas con su brisa.