101. Más vale sonreír que sonllorar

Sol Kliczkowski

 

Quise entrar a la almazara, imponente como cada año. No me fiaba de él. Sabía que su cosecha no había sido buena, unos tenemos más suerte que otros. Yo llevaba mis toneladas de olivas en su justo punto para extraer todo su zumo.

En el patio de recepción me lo encontré desafiante. Siempre esa mirada que sin mediar palabra me decía tanto… Esos andares altivos. Lo sabía todo de él sin haberle hablado nunca. Treinta años haciendo negocios.

Parecía querer bloquear mi paso… pero no: me pasó el brazo por detrás y me abrazó por el hombro. Me descolocó. Dimos juntos los pasos que nos llevaban a la nave de elaboración. Y ahí lo soltó: cerraban, al acabar la temporada, la almazara no era rentable. Mis ojos se perdieron en el proceso de molturación. No era posible. Mi crispación cedió. Dónde iríamos ahora si no había otra almazara digna de confianza en la zona… Su fracaso sería el mío. Al llegar a la bodega, me sonrió, pero era casi un sonlloro, compartido.