MásQueCuentos

092.- Holostad, el gran invento de Eric

J. D. Oldman y Brenda González

 

Año 2350, la vida de los habitantes del planeta Sigma X había evolucionado muchísimo, debido a los grandes avances tecnológicos. Prácticamente todo lo que deseasen hacer les era facilitado gracias al uso de alguna máquina o de cualquier ordenador.

Eric era un estudiante de la academia de desarrollo tecnológico más importante de la ciudad. Y ese día se iba a llevar una gran sorpresa tras la visita del director de la misma.

—Estimados alumnos, vengo a informaros de un importante acontecimiento. Nuestra sede ha sido seleccionada por la empresa Stigma para usar un nuevo prototipo de aerotermia. Vosotros tenéis que incorporar éste a cualquier invento ya existente en la actualidad, para mejorar su funcionamiento y características. La mejor idea será recompensada con una gran suma de dinero, y además su dueño será trasladado hasta las instalaciones de la empresa para su posterior desarrollo a gran escala, obteniendo un puesto vitalicio en ella. Es una gran oportunidad que no debéis desaprovechar —dicho esto, el director se encaminó hasta la salida del aula, y antes de dejarlos se giró y les informó: — Tenéis de plazo tres días para elaborar vuestros proyectos, no me defraudéis.

Eric salió de la academia, para dirigirse hacia su casa, pero todo el camino estuvo dándole vueltas al proyecto. No tenía ni idea de cómo empezarlo.

Cuando entró por la puerta de su vivienda, lo recibió Res, su perro robot, con una alegría que inundaba la estancia, ya que solo vivían ellos dos allí. Era un muchacho muy aplicado que hace algunos años decidió estudiar en una academia fuera de su país con la intención de ser el mejor inventor del mundo y que su padre, un gran profesor muy conocido por sus enormes proyectos, estuviese muy orgulloso de él. Eric trabajaba por las noches en un laboratorio de electrónicas, mientras por la mañana estudiaba.

Se sentó en el sofá a ver junto a su fiel compañero la televisión. En ese momento ponían un programa infantil donde unas amistosas criaturas hacían felices a los niños. Esto le dio una idea: Podría modificar su reloj para que este fuera capaz de crear una animación parecida a esos seres, y que con el uso de la nueva tecnología fueran capaces de desplazarse a su antojo, e incluso usar esa capacidad para modificar la temperatura ambiente, para que así las personas siempre disfrutaran de unas temperaturas idóneas.

A media mañana el director volvió a acudir al aula y allí se dirigió a los alumnos.

—Buenos días, después de evaluar todos los proyectos presentados ya tenemos seleccionado al ganador. Se llama Holostad y su propietario es Eric. Puede venir aquí, joven, y hacernos una demostración.

Eric se levantó y se aproximó al director. Retiró la mesa del profesor y, una vez con suficiente espacio, manipuló su reloj y de este salió el holograma de un fénix. Este se elevó, agitando sus alas, y de estas empezaron a salir unas corrientes de aire. Entonces los chicos pudieron comprobar cómo la temperatura del aula empezó a cambiar. Primero sintieron un frío enorme, luego un calor sofocante, y por último las condiciones se volvieron placenteras, sorprendiéndose los alumnos ante tales cambios. Todos aplaudieron semejante proeza, y Eric sonrió por su triunfo.

El director estaba muy contento, era fantástico que alguien hubiese conseguido en tan poco tiempo un logro tan grande como ese. Pensó que tendría que comunicar el resultado a la empresa cuanto antes y salió del aula para realizar el llamado.

—¿A qué debemos esta llamada? —contestaron al otro lado de la línea.

—Ya tengo el proyecto ganador, cuando ustedes quieran hago que el chico se presente en vuestras instalaciones.

—Perfecto, lo esperamos aquí a primera hora de la mañana.

—Así se lo comunicaré ahora mismo.

Tras esto, la llamada se cortó y una gran sonrisa se reflejó en la cara del director, esto iba a suponer un gran prestigio para la academia.

Al día siguiente Eric se dirigió a lomos de su fénix hasta las instalaciones de Stigma. El sentir el aire golpeando su cuerpo mientras volaba era algo nuevo para él, una sensación que le encantaba. Una vez en el lugar se desplazó hasta la sala de reuniones y allí explicó al presidente cómo funcionaba el prototipo. Este quedó encantado con la idea y ordenó a sus trabajadores que empezasen en ese momento a fabricarlos a gran escala. El chico estaba encantado, pues pensaba que gracias a él muchos niños tendrían un compañero de juegos, que además permitiría que nadie pasase frío ni calor. Lamentablemente, el dueño de la empresa tenía otras intenciones.

En pocas horas ya habían fabricados un gran número de dispositivos, pero cuando el joven vio a los seres que salían de los relojes comprobó que estos no eran dóciles y amigables como su fénix, sino que estos nuevos tenían incorporadas diversas armas en sus extremidades y se comportaban de forma violenta.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Eric al presidente—. Esto no es lo que yo diseñé.

—Joven, tu invento era una buena idea, pero yo la he mejorado, y la usaré para mi verdadero fin: conquistar este planeta y luego el universo entero. —El presidente empezó a reír de forma escandalosa, y ante esto, Eric solo pudo irse enfadado a reunirse junto al director para pedirle explicaciones, no solo se habían aprovechado de su idea, sino que la habían convertido en algo que podía tener graves repercusiones para todos.

«Esto no se iba a quedar así», pensó Eric.

Tenía que buscar una manera de interrumpir los planes del presidente e impedir que hiciera daño al planeta, a sus habitantes y a toda la galaxia.

Al cabo de unos minutos pensando en una estrategia el muchacho ideó el plan: crearía un sensor que enviase una onda electromagnética capaz de fundir los chips instalados en los relojes y así evitar que se activasen.

Esa misma noche, el chico, con su nueva creación instalada en su reloj, se coló por las rejas del alcantarillado que daban al edificio sede de Stigma, subió por unas escaleras hasta llegar a la sala donde tenían guardados los relojes y, una vez allí, sacó un spray para detectar si había señales de alarma invisibles. Lo echó y fue esquivando con mucho cuidado cada raya que aparecía de color púrpura para no despertar sospechas. Una vez llegado al final de la sala usó el sensor de su reloj y un sonido muy agudo retumbó por el lugar. Ya estaba hecho, cuando quisieran usar los relojes estos no funcionarían.

Tras su labor de sabotaje, salió de allí lo más rápido posible, pero su plan de huida no acabaría como pensó, pues una vez fuera del edificio se encontró con la figura del presidente, montado a lomos de un gigantesco dragón.

—¿Pensabas que podrías truncar mis planes? Ya sabía que intentarías hacer algo para impedir que los llevase a cabo, por eso cogí uno de los relojes y lo puse a salvo, y ahora lo utilizaré para acabar contigo. Ya me encargaré luego de fabricar de nuevo las unidades que destrozaste, solo has retrasado lo inevitable.

—¡No te lo permitiré!

Dicho esto, Eric llamó a su fénix y arremetió contra el dragón, pero este último era de mayor tamaño, y apenas pudo hacerle ningún daño. Además en ese momento la bestia sacó dos grandes katanas que sujetó con sus garras. Ante esta circunstancia el chico tuvo que huir, «ya buscaría el modo de derrotarlo», pensó. El presidente lo persiguió y el niño no podía hacer otra cosa que intentar volar lo más rápido posible aprovechando su menor peso y ligereza. De pronto, tuvo una idea, delante de él vio un bosque, era un olivar bastante frondoso, allí podría hacer frente a su rival, ya que el tamaño de su dragón ahí sería un inconveniente, al no tener libertad de movimientos.

El muchacho iba esquivando los olivos en zig zag, mientras el hombre con un ser holográfico tan grande chocaba con todos.

—No me alcanzarás, antes tú y tu dragón quedaréis agotados.

—Eso ya lo veremos, enano.

El presidente, de pronto, rodeó los árboles y se topó de bruces con Eric, impidiéndole pasar.

—Te atrapé, estúpido niñato.

—No te dejaré salirte con la tuya.

Ambos se enzarzaron en una gran batalla, el fénix desprendía llamaradas de fuego contra las llamas oscuras del dragón, no se veía el momento de que acabase dicha lucha, hasta que de pronto algo sucedió, dejando a ambos estupefactos.

Apareció una luz de fuego del interior del fénix, creando una onda destructiva hacia el hombre y haciendo añicos el reloj de este, provocando que el dragón desapareciese.

—¡Nooooooo!, mi reloj, ¡no puede ser!, has destruido mi última opción de ser invencible.

Eric sacó una cuerda de su mochila y ató a un olivo al presidente, llamando acto seguido a la guardia galáctica, para que se llevase al corrupto hombre de allí. Además informó que el director del centro era cómplice de él, y este también fue apresado. Tras esto regresó a su casa, había sido una noche intensa y necesitaba descansar.

Al día siguiente volvió a la academia y allí encontró que se había formado un gran alboroto. Sin dudarlo se acercó y vio como ya habían designado un nuevo director. Este nada más verlo le hizo acercarse y pasándole un brazo por encima de sus hombros empezó a dar un pequeño discurso:

—Estudiantes de esta nuestra gran academia, nos encontramos aquí con el salvador, ya no de nuestra ciudad o planeta sino de toda la galaxia. Su invento fue una gran idea, que podía haber mejorado la vida de muchas personas, pero, lamentablemente, “todo aquel que tiene un gran poder tiene una gran responsabilidad”, y él no supo darse cuenta. Esto fue aprovechado por el presidente de Stigma, que le engañó, para intentar hacerse con el control de todo y todos. No obstante, la valentía de Eric evitó que sucediese una catástrofe y enmendó su error: el confiar ciegamente en el resto las personas. Muchas veces el ser humano muestra una cara, una faceta para ganarse la confianza de los demás, pero luego no tarda en enseñar su verdadero ser, aquel que lleva dentro y es el que le domina. De todo esto aprendemos dos importantes lecciones: Todo el mundo puede llegar a mentirnos y debemos tener cuidado para saber ver bien las intenciones de la otra persona y no dejar que pueda hacernos daño; y por otro lado también hemos aprendido que toda persona puede corregir su error si se da cuenta que se equivocó. Así que hoy démosle las gracias a vuestro compañero.

Todos los estudiantes empezaron a aplaudir y vitorear a Eric, y este solo pudo bajar la cabeza y sonrojarse por la vergüenza. Entonces el director volvió a hablar:

—En último lugar quiero comunicaros que a pesar de que las intenciones de la empresa Stigma no eran muy buenas hemos encontrado otra empresa que sí está dispuesta a respetar las especificaciones de Eric, así que muchacho, tu proyecto saldrá adelante.

El chico se puso muy contento, su sueño de alegrar la vida de cada niño se podría hacer realidad.

Desde ese día cada niño y cada adulto pudo disponer de su nuevo reloj y con este de su nuevo amigo y compañero, el cual le facilitaría la vida en muchos momentos, además de hacerle compañía.

 

 

Comparte con tus amigosTweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
Scroll Up