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091.- El verdadero sentido del amor

J. D. Oldman y Brenda González

 

Cuenta la leyenda que había una vez una joven de gran belleza, cuyo ego solo la llevaba a pensar en sí misma. Esta aprovechaba sus dones para embaucar a los hombres y enamorarlos para luego romperles el corazón, aunque nunca esperó que un día todo se volvería en su contra.

Cierta mañana, mientras paseaba por un verde prado, se encontró con un apuesto muchacho moreno, de ojos azules. Este nada más verla, con su larga melena roja y sus ojos verdes, no pudo resistirse a esos encantos y se enamoró locamente de ella. Así día tras día empezó a visitar aquel lugar para estar cerca de ella e intentar demostrarle su amor. Esta, se dio cuenta de sus intenciones y como tenía por costumbre de hacer con todos los hombres, empezó a coquetear con él. Esto animó aún más al joven que una mañana calurosa se acercó a ella y le dijo:

—Hola, me llamo Zack y debo decirte que eres la mujer más hermosa que vieron mis ojos, ¿puedo saber tu nombre?

—Tus palabras me halagan, Zack, mi nombre es Eliane, muchas gracias por tu cumplido.

Los dos dieron un largo paseo por aquel singular paraje y, en un determinado momento, justo parados ante un hermoso lago, él la besó. Fue un beso tierno y placentero, y Eliane por primera vez sintió algo distinto en su interior, no creía que fuese amor, pues no creía en él, pero se sentía distinta.

—¿Qué te ocurre? ¿No te gustó? —preguntó él extrañado al ver la triste expresión de su cara.

—Sí, solo que ya he sufrido mucho por amor, aunque sea bella por fuera, muchas personas jugaron con mi corazón, y no estoy segura de que tú no me vayas a engañar como los demás —contestó ella.

—¿Qué puedo hacer para que te des cuenta que nunca te traicionaré, que lo que siento es verdadero?

—Mira, dicen que a muchos kilómetros de aquí hay una región helada y que en ella hay un lago donde crece un extraño y raro manzano, cuyos frutos son unas manzanas doradas de incalculable valor. Cuentan que quienes se le acercan acaban muertos congelados por el frío, pero si tú te arriesgas y consigues traérmela, sabré que tu amor por mí es sincero y será eterno.

—Está bien, te la traeré —dijo Zack, besando la mano de su amada y despidiéndose de ella para ir a buscar tan rara flor.

El muchacho emprendió su camino hacia el lago con una mochila llena de utensilios que podrían serle de ayuda. Llegado a este, Zack pensó cómo poder atravesarlo sin llegar a congelarse y poder acceder a la flor. En ese momento, se dio cuenta que no estaba solo, allí cerca de él había un pequeño muchacho de apenas doce años de edad que miraba completamente absorto el lago y lo que este contenía.

—Hola, ¿qué haces aquí?

—Hola, solo miro, ¿no piensas que ese manzano es el más hermoso que has podido ver en tu vida?

—Sí, así es, por eso vengo, quiero llevarle uno de sus frutos a mi amada, para demostrarle cuánto la amo, ella me dijo que así sabría que mis sentimientos eran sinceros.

—Difícil prueba te ha puesto, yo diría que prácticamente te ha condenado a la muerte. Dicen que sobre este lago pesa una maldición y que, aunque sus aguas permanecen congeladas todo el año, aquel que ose tocar esos frutos perecerá en el intento, pues en ese momento el hielo se romperá, condenándolo a una muerte atroz.

—Bueno, por amor se cometen locuras, y esta no será menos, solo tengo que pensar en cómo coger esa manzana y volver sin hundirme en las frías aguas.

Zack empezó a pensar y al cabo de un tiempo ideó una posible forma para poder pasar al otro lado y hacerse con su objetivo. Cogió una cuerda con un enganche y la ató a un árbol que encontró unos pasos más atrás de donde estaba. Una vez sujeta la cuerda empezó a adentrarse en la superficie helada hasta llegar al mismo centro, lugar donde estaba lo que había venido a buscar. Todo parecía en orden, el hielo seguía sólido, así que el joven cogió unas tijeras que llevaba en su mochila y con ellas cortó la flor. Esta, en sus manos parecía aún más hermosa. Fue en ese instante cuando se dio cuenta que el suelo empezó a crujir y a romperse. Usando la cuerda como guía volvió a recorrer el camino seguido lo más rápido que podía, no obstante su esfuerzo fue inútil, pues la cuerda, debido al frío reinante en el lugar, se rompió. Zack empezó a hundirse, mientras intentaba acercarse lo máximo posible a la orilla. Ya casi lo había conseguido y cuando iba a salir algo lo atrapó de una pierna impidiendo que pudiera hacerlo. En ese instante, se dio cuenta que jamás regresaría con su amada, pero aún así quiso que esta supiese que no se había rendido y que por ella lo habría dado todo.

—Pequeño, ayúdame, debí haberte hecho caso, pero necesito que cumplas mi último deseo. Coge esta manzana y llévasela a mi amada, Eliane, dile que siempre la he amado y que lo haré por toda la eternidad.

—¿Cómo sabré quién es? —preguntó el chico.

—Viaja hasta los parajes vecinos, allí verás unos prados verdes que rebosan vida y alegría, en ese lugar la encontrarás, siempre se encuentra cerca del lago contemplando las bellas flores que hay en el lugar. Además sabrás que es ella por su gran belleza, por sus cabellos rojos como el fuego y su hermosa mirada.

—Vale, confía en mí, cumpliré tu última voluntad.

Tras estas últimas palabras, Zack entregó la manzana al chico y se hundió para siempre en las profundidades del lago, el cual momentos después volvió a recuperar su estado natural y se congeló.

El niño corrió y corrió, atravesando aquella región helada y llegó hasta los verdes prados, donde como le había explicado Zack encontró sin problemas a la joven. Sin perder tiempo le relató todo lo acontecido, dándole la manzana, y esta no pudo hacer otra cosa que romper a llorar, ya que comprendió que Zack sí la amaba de verdad y que había hecho cualquier cosa por ella, pero esta no quiso ver la realidad, y ahora era tarde. Por primera vez no era Eliane quién jugaba con los demás y rompía los corazones, sino que en esta ocasión el corazón destrozado era el suyo.

Eliane desconsolada corrió todo lo que pudo, no quería seguir viviendo, no sin el que sería el amor de su vida. Iba sin rumbo fijo, y en el estado en el que se encontraba perdió la noción del tiempo y el espacio. Cuando paró, miró a su alrededor, pero no reconoció dónde estaba. Era un lugar repleto de árboles, eran olivos, pero estos tenían un aspecto muy enrarecido, parecían muertos y secos, aunque al mismo tiempo desprendían mucha energía. De pronto, se dio cuenta de que aquel paraje tenía un aire especial, la atmósfera le producía inquietud, y descubrió que se hallaba en un terreno mágico, encantado. Pero, ¿por qué nunca nadie había oído hablar de él? Ella continuó llorando, sin consuelo y se acurrucó a los pies de uno de los árboles y en ese momento algo ocurrió. Se empezó a levantar un viento, que iba creciendo de intensidad poco a poco, y las ramas de cada olivo empezaron a moverse sin parar. Eliane observaba todo aquello con la mirada fija en cada movimiento. Parecía una triste danza que sin darse cuenta empezaba a hipnotizarla. No obstante, salió de su estado de trance cuando percibió unas palabras lejanas, que fueron ganando intensidad hasta que las pudo escuchar con claridad.

—Bienvenida al olivar centenario, lugar de desdichados que no temen dejar esta vida para dar paso a la otra —dijo el gran olivo donde ella había estado acurrucada momentos antes.

—¿Qué es este lugar? ¿Cómo he llegado aquí? Nunca escuché que existiese un sitio como este.

—Este lugar es mágico, y no todos puede acceder a él, como te mencioné anteriormente solo aquellas personas que han perdido toda esperanza en la vida pueden encontrarnos. Nuestra misión es hacerles comprender en qué se equivocaron y que puedan redimirse antes de abandonar este mundo.

—Yo no puedo seguir viviendo, por mi culpa Zack, el amor de mi vida, ha muerto y sin él no veo sentido a seguir existiendo, mi corazón se ha roto para siempre.

—Acércate pequeña, apoya tu frente sobre mi tronco, así podré ver todo lo acontecido sin necesidad de palabras.

Eliane posó su cabeza sobre el olivo y, en ese instante, toda su vida fue pasando a cámara rápida, hasta llegar al momento actual. En ese momento, el olivo volvió a hablar y, con voz clara y serena, le dijo:

—Entiendo perfectamente cómo te sientes, pero, ¿sabes por qué has llegado aquí? Tu egocentrismo te ha hecho manipular, ilusionar y jugar con el corazón de muchos jóvenes, llevándolos a la desolación y a una más que posible muerte, el último de ellos fue Zack, el cual pudo ser tu único y gran amor. Siempre has abusado de tu belleza, pues disfrutabas haciendo que todos estuvieran pendientes de ti, pero ahora, por una vez, has comprendido que esa forma de actuar no era la correcta, pues en esta ocasión el corazón roto ha sido el tuyo. Te creías mejor que ese chico, no supiste valorarlo, pensabas que siempre tendrías otro joven que te venerase y elogiase, él te demostró todo lo que estaba dispuesto a hacer por ti, y cuando lo entendiste ya era demasiado tarde. Ahora lo has perdido y ya no ves forma de vivir sin él.

—Así es, siento mucho haber actuado de ese modo, haber jugado con tantas personas, no merezco ser amada, ni vivir.

—Todo el mundo tiene una finalidad en esta vida, y puede que la tuya esté por cumplirse. Te puedo ofrecer una opción para dejar de sufrir, una forma de ayudar a otras personas, de inspirarlas, de hacerlas crecer, pero tuya es la elección, pues una vez decidas no habrá vuelta atrás.

—Estoy dispuesta, sin Zack no puedo vivir y si puedo ayudar a los demás, y que estos no comentan mis mismos errores, aunque sea por una vez estaría pensando en los demás y podré dejar este mundo con algo más de paz.

—Está bien, que así sea.

Dicho esto, el viento volvió a soplar y las ramas a mecerse. En ese momento, Eliane contempló cómo sus pies empezaron a hundirse en la tierra. ¡No! Estos se estaban convirtiendo en raíces y sus piernas en un largo tronco. Poco a poco su cuerpo fue transformándose más y más, hasta que se volvió un olivo más de aquel lugar, pero a excepción de los demás este preservaba parte del cuerpo de la joven y todo su hermoso rostro.

En ese momento apareció en dicho lugar aquel pequeño niño que le entregó la flor y situándose frente al nuevo árbol colocó un cartel que resumía la historia de la joven, con una frase que quedaría grabada por toda la eternidad:

“Quién juega con el corazón de otros, sin miedo a perder,

algún día descubrirá, que puede acontecer,

que el corazón roto sea el nuestro y queramos desfallecer,

pues por no valorar a quién debimos, cuando tuvo que ser,

podemos perderlos y no saber qué hacer.

Por eso vive, ama y no engañes por doquier,

ya que en esta vida hay que entender,

que el amor se da y se gana,

pero también se ha de merecer”.

 

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