03. El viejo olivo

Óscar Fernández Baquero
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Se agachó con dificultad sobre la tierra seca y tomó un poco en su mano, dejándola deslizar entre los dedos. Era una buena tierra, siempre lo fue. El sol castigaba su despoblada frente y el sudor resbalaba por su sien. Buscó con paso inestable la sombra del olivo y, con manos inseguras, abrió la tinaja. Aguardó un momento, quizá algo más, quizá toda una vida, quién sabe cuánto tiempo pasó por aquella vieja cabeza y, tomando con los dedos el contenido, lo espolvoreó alrededor suyo, tiñendo de gris ceniciento el suelo terroso.

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